sábado, 28 de junio de 2008

No me diga nada, soy perfecto.

"Todo aquel que se pone delante de un micrófono o una cámara debe tener un poco de egocentrismo", recuerdo que dijo un profesor de locución.
Cuan verdaderas me resultaron sus palabras cuando comencé a ejercer, primero en el centro del país y luego aquí en el Sur.
Cuando hice mi "pase" al Sur un amigo periodista español que suele viajar por el mundo por su trabajo, me dio un solo consejo: "Se humilde donde vayas". Recuerdo que me dije a mí misma -por qué me lo dice? ¡Si yo lo soy!-. Ahora que lo veo de lejos en el tiempo puedo concluir en que lo era, pero no lo suficiente.
Resulta que los periodistas o quienes estamos frente a una cámara, a un micrófono o simplemente sostenemos un grabador o un teléfono en una rueda de prensa, tendemos a creernos rápidamente que somos perfectos.
Este mal nos lleva a no ver nuestros errores. Y es la peor ceguera porque nos impide crecer y nos mantiene mediocres.
Lamentablemente, este mal es contagioso. Unas pocas semanas en un puesto más alto al habitual y ya nos creemos insuperables.
Esto me trajo problemas. Primero porque en su momento me pasó de caer en la tentación y "creérmela" y segundo porque me ha ocurrido de querer ayudar de corazón a alguien y lo han tomado mal.
"A mi nadie me ha dicho nada, sólo vos", me dijo un compañero de trabajo cuando le decía que había quejas de sus errores y le ayudé a utilizar un programa para aminorarlos. Le di mi tiempo y mis ganas para poder ayudarlo en algo básico e imperdonable como lo son en periodismo los errores ortográficos.
Luego me enteré de que esta misma persona había dicho: "ella se cree perfecta" y que en vez de tomar bien mi ayuda la había considerado una crítica innecesaria, porque nadie le había dicho nunca nada de su trabajo.
Eso me dolió muchísimo, porque realmente quise ayudar de corazón. Luego sí, llegó el reto hacia esa persona de parte de los directivos y fue mucho peor: lo persiguieron y lo presionaron de tal manera que era un nudo de nervios.
Yo también aprendí.
Prometí nunca más ayudar a nadie si no lo pide. No doy consejos laborales "de onda" porque el tiro sale por la culata.
Porque los periodistas somos demasiados perfectos para ser humildes. Para saber en qué somos fuertes y en qué débiles, cuándo debemos decir no sé y no temer hacerlo.
Más allá de lo que uno diga al "aire" por el solo hecho de decirlo, me preocupa el que escucha realmente lo que decimos. Nuestro receptor. Si el mensaje viene cargado de errores no ayudamos en nada a que forme una opinión propia. Y esto no sólo se ve en un medio de ciudad chica, son terribles los horrores que se observan en los grandes medios de comunicación.
Pero si todos somos perfectos y no aguantamos las críticas constructivas, hacia eso vamos.
A no crecer pero si caer en ignorancia. A no saber trabajar en equipo como sociedad para generar cambios positivos para todos.
Y a ser una comunidad de perfectos idiotas creídos.


Humildad: Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

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