
En mi trabajo, como lo señalé en mi primer post, se realizan todo tipo de notas. Pero de todas, yo tengo mis favoritas.
Me gustan aquellas en las que "conecto" con la gente y ésta me cuenta algo de ella. Donde mientras retiro el equipo (cables, micrófono, pen drive, anotador) me llevo un pensamiento, una reflexión.
El 30 de mayo es el Día Nacional de la Donación de Órganos en Argentina y en distintos puntos del país se están desarrollando actividades que buscan recordarle a la gente de la importancia de la donación de órganos y tejidos y cómo estos pueden salvar y cambiar una vida para siempre.
Como la abuela de una amiga, que decidió donarle el riñón a su hija "porque yo ya viví todo y a ella le falta mucho más". Bajo la mirada atenta de su nieta sobre sus comidas, esta señora que le regaló vida dos veces a su hija, es un ejemplo. Son varios los que dicen que muchas veces los donantes vivos (como en el caso de los riñones) son los que sufren un poco más que el receptor del órgano. Por eso me fui emocionada hasta la médula de esa casa tras finalizar la entrevista. Es que, poniéndonos una mano en el corazón, ¿Ustedes lo harían?. Lo que me preocupa es cuánta gente piensa que no.
Hoy conocí otra historia similar, casi idéntica porque fue de madre a hija, nada más que mucho más jóvenes. Dos años de diálisis, dolor y miedo terminaron gracias al trasplante. "Sí, tengo que tomar mis remedios pero tengo una vida normal", me dice contenta y orgullosa -como debe ser- de su madre.
Un hombre por su complicada situación renal sólo estuvo cuatro meses en la lista de espera del INCUCAI y, creánme, estar arriba en ese ranking no es nada bueno. Recibió el riñón y no dudó cuando le pidieron que colaborara para difundir la importancia de donar órganos y evacuar dudas, haciéndolo como protagonista. Allí lo encontré yo. Mientras hablaba con él me acordaba de otro hombre, al que entrevisté tras salir de diálisis. Estaba frágil, muy flaco, con la mirada desgastada de cansancio. Se mantuvo de pie como pudo porque quería contarme lo que le había sucedido: lo llamaron desde INCUCAI porque había un donante en Buenos Aires y el avión de Aerolíneas decidió no esperar y partió sin él.
O como los padres de un joven fallecido abruptamente mientras jugaba un partido de fútbol que, recibieron del INCUCAI una nota donde les informaban qué destino habían tenido los órganos de su hijo. Ellos la llevaron al medio en el que trabajo, porque querían dar a conocer esa información y cómo se trabajaba desde el INCUCAI.
Creo que desde hace casi tres años tomo estas noticias de otra manera. Mi hermana tenía 40 años cuando falleció por cáncer de tejido blando. Si me preguntan, no hubiera dudado un momento en darle de mi cuerpo lo que le hiciera falta para que siguiera con vida pero no se podía hacer nada.
Por eso me parece tan importante esta posibilidad que se nos da de decidir en vida qué se hará con nuestros órganos cuando ya no los necesitemos. Si hay dudas, hay especialistas para evacuarlas. Además le ahorramos a nuestros seres queridos, en el momento de dolor de nuestra partida, tomar ESA decisión.


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