martes, 11 de noviembre de 2008

Aprendizaje

Estoy silenciosa pero muy pensativa estos meses.
Hoy, no es un día feliz. En realidad me han tocado días en los que me cuesta hallar un equilibrio entre lo bueno y lo malo de estar embarazada. Y lo escribo aquí para: 1) sacarme la mugre de encima del corazón;2)dejarlo asentado en algún lado cosa de decir luego ¡Qué boluda!.
En el trabajo he tenido reacciones dispares y algunas sorprendentes. Personas con las que tenía un simple trato (hola,chau), son las que están más atentas al crecimiento de mi panza y a que me cuide (me acercan las cosas si se me caen al piso, por ejemplo).
Pero.. hay otras que no entendés por qué tanta mierda. En uno de mis trabajos, la noticia de mi embarazo cayó como traición. Faltó decirme en la cara "cómo podés hacerme esto" pero se les notó. Se pudo ver fácilmente cuando hacían gestos desagradables cuando les avisaba que no iría a trabajar porque estaba descompuesta, o que, como fue días atrás, tenía contracciones (SI!! CONTRACCIONES!) y me habían dado reposo obligatorio.
Me relegaron de tareas que consideraron pesadas: ir a la montaña, por ejemplo. Pero no de jornadas de 12 horas cuando me toca trabajar fines de semana. Eso sí: me pagan las horas extras--. bah. Uno de mis directores (Son dos empresas pero del mismo dueño y dos directores distintos)porque la otra, (SII... UNA MUJER!!) me aclaró hoy que ella no paga feriados.. ni ahí de hablarle de horas extra.
Justamente este día tuve un encontronazo. Me paga. Tomo el recibo. Le señalo que no está el feriado que trabajé. Me aclara que ella no los paga, que en todo caso lo pase por la otra empresa. Me pregunta por mis horarios de llegada, le reconozco que, cansancio de embarazo, colectivo mediante estoy llegando 20 minutos tarde. Y de ahí se agarra. Yo estoy "currándola" porque me demoro 20 minutos. Ella no me curra por no pagarme feriados. Mi actitud es "horrible". La de ella es divina por tener a una embarazada de siete meses subiendo escaleras y en un espacio laboral sin ventanas y (esto si jode porque lo necesito a cada rato ) sin baño.
De repente en esa breve y no anunciada reunión, me siento la peor trabajadora del mundo. No solo llego tarde, también tengo la caradurez de preguntar porque no se me paga lo trabajado. Horrible y currar, dos palabras fuertes en un sólo párrafo son mucho para mí. Le señalo que debería marcar también las cosas que una hace extras y bien. Pero obvio, no las ve. O "no es tanta cosa tu trabajo". Si no es tanta cosa.. ¿Por qué está buscando a dos personas para suplirme cuando me vaya de licencia?. El punto clímax de la discusión llegó y ahí no pude menos que preguntarle: "¿Vos estás disconforme con TODO mi trabajo?". Me mira fijo y luego deja de hacerlo revoleando los ojos. "No seas paranoica, vos pensás que todo el mundo te quiere cagar y acá no es así". Ya veo que no. Cuando entré en ese trabajo, lo hice con la promesa de jornadas de seis horas y terminé trabajando un día de semana hasta 12 horas. Y no pagaban extra, porque estaba como monotributista.
¿Qué le iba a decir si me decía que SI estaba disconforme?. Simple: que tome las medidas que considere necesarias. Que me despida. me eche, me patee.
Porque aguantaré lo que pueda para no irme.
Porque las embarazadas tenemos derechos. Y es más habitual de lo que parece que los empleadores tengan estas actitudes horribles y curreras de "apretar" a una embarazada para que esta decida irse y perderse sus derechos.
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Derechos de las mujeres trabajadoras cuando están embarazadas


-Licencia por parto y puerperio (licencia por maternidad): Un total de 90 días. Deberá gozar al menos de 30 días antes del parto y el tiempo restante después del parto. Continuará recibiendo durante ese período su salario completo.
- Asignación Prenatal (para trabajadoras con sueldo menor a $1.500 por mes): Es un adicional al salario. Se cobra a partir del tercer mes de embarazo (una sola vez).
- Estabilidad en el empleo: El empleador debe conservarle el empleo a la mujer durante la licencia por maternidad. Una vez que la trabajadora haya notificado su embarazo (con la fecha probable de parto), tiene derecho a la estabilidad en el empleo. En caso de ser despedida, el empleador debe abonarle una indemnización agravada: un año de sueldo más la indemnización común.
- Período de excedencia: Puede solicitarlo durante los seis meses posteriores al parto (sin goce de sueldo). A su regreso, el empleador tiene la obligación de asignarle el mismo puesto que tenía anteriormente.

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¿Cómo quedó todo?. En nada. Veremos en los próximos días. Pero me queda claro que al momento de pensar en buscar un hijo debés analizar muchas cosas, más de lo que pensaba al inicio de todo. No me arrepiento de mi embarazo. ESTOY FELIZ POR ELLO. Pero me hubiera ahorrado lágrimas el saber que iba a tener buenas actitudes y otras muy miserables, incluso de jefas que son madres. Me hubiera puesto el chip original de "TODO ME CHUPA UN HUEVO".

Aclaro: se que hay mujeres que la están pasando o la han pasado peor que yo en el aspecto laboral al estar embarazadas. Lo mío es un descargo. Lo necesitaba. Verlo en la pantalla al menos me ha serenado un poco.

Sirve el blog. Sirve.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Mamá Leona

Digamos la verdad: nunca me faltó el carácter. Que lo haya escondido o lo haya perdido en mi interior en algunas épocas es una cosa, pero siempre estuvo ahí. Y carácter fuerte, debo admitir.
Pero mientras el o la pequeñina se va formando en mi panza tengo una nueva fuerza. La siento.

El otro día tuve una discusión con una colega. Y les juro que si mi bebé estuviera ya fuera de la panza, la noqueaba.
Ese día aprendí dos cosas: primero no discutir con gente sin criterio ni fundamento, es perder el tiempo.
Segundo, recordar SIEMPRE que soy el transporte vital de alguien ahora. Yo me enfrenté a la discusión como si nada... y luego tuve que aguantarme un recital de patadas, codos y demás dentro de mi panza con la canción de Pappo de fondo: "Nadiee se atreva... a tocar a mi vieja...".

Eso fue el jueves.

El viernes el coletazo vino por otro lado: el laboral. En vez de darme mi aumento de sueldo correspondiente, como a todos mis compañeros, me pusieron todo mi sueldo en blanco. Es decir, antes cobraba una parte en blanco y la otra facturaba. Ahora todo viene en un recibo. ¡Pero viene la misma cifra!. Reaccioné dentro de lo que se puede reaccionar en el trabajo: bien.
Pero al llegar a casa me rendí ante la impotencia. Es inevitable pensar en que, en mi trabajo, la noticia de mi embarazo cayó como el puñal traicionero de Roma. "Negrearme" con el salario es una gota más en un vaso que va juntando varias... Pero más me duele (soy muy sentimental, lo se) que ocurra en ESTE momento, donde pensando en mi hijo/a debo sentirme más segura que nunca.

Mi novio me miraba preocupado cuando llegué a casa con mi recibito de sueldo trucho (ni presentismo me pagan) todo dobladito pero remarcado de tantas miradas fijas que le dí. Lloré. Me dio bronca que, siendo como soy (trabajadora, honesta, buena persona en general), me cueste tanto dar un paso para adelante.

Y él me miró, también impotente. Pero él no sabe.

Si antes tenía carácter fuerte, ahora soy mucho peor y mejor a la vez. He pasado cosas muy duras en mi vida, este trato no me hará caer. Y la fuerza que me da el chiquitín/a que tengo adentro es inevitablemente grandiosa. Me siento una mamá leona sin haber dado a luz a mi hijo/a todavía: no dejaré que nada afecte a mi bebé ni su bienestar. Estaré calma por fuera pero expectante por dentro.
Tengo la certeza de que, como sea, todo saldrá bien. Y en eso, gano muchísimo.


viernes, 22 de agosto de 2008

Qué se espera de mí

Estaba pensando seriamente, o lo que se pueda hacer cuando se escucha jazz en la computadora mientras al lado están copados con un recital de Los Fabulosos Cadillacs... si la gente que me conoce supiera que tengo un blog ¿qué esperarían que escribiera?.
De mis lectores/oyentes habituales en la vida real, imagino que supondrían debería escribir sobre política, economía y sociedad. Puff.
De mis amigos de aquí, esperarían que escribiera hmhmhm sobre... la vida en sí.
De los amigos lejanos, que hablara de música y me pusiera a escribir de nuevo algo de poesía.
Mi madre querría que escribiera.
Yo solo quiero poder tener un muro donde escribir cuando tenga ganas de hacerlo. Es complicado como en la vida se te va etiquetando desde afuera sin que tengas la oportunidad de decir:¡Hey! ¡No sólo esto soy yo!.
No soy solo periodista las 24 horas, como tampoco cantante, poeta simplona o cocinera de pan.
Que sea seria en mi trabajo no significa que no sepa divertirme o estar sin estructurar las cosas.
Un buen ejemplo de ello quedó demostrado una vez que iba hacia un paraje cercano a hacer una nota, acompañada por una joven fotógrafa.
La tierra, el calor y el paisaje me hicieron recordar un viaje en moto que hice durante 21 días y 5 mil kilómetros por la Patagonia y se lo comenté con añoranza.
La chica me mira y me dice, casi con cara de asco y mirada desdeñosa:-¿Vos hiciste eso?. No te imagino a vos haciendo algo así... te veo tan seria...-
Yo atiné a sonreír y retiré mi cara hacia la ventanilla observando el paisaje. Me reí otra vez para mí, esta vez a carcajadas: hacia dos días que había llegado de Italia, donde fui a visitar un chico que conocí por internet.
Por eso qué bueno y qué malo que la gente que me conoce de la vida diaria no lee mi blog. Se llevarían un fiasco o una sorpresa muy grande.

lunes, 18 de agosto de 2008

Cuatro lunas...


Estoy hallando en mí a la Susanita que todas tenemos. Y, resulta raro, no me asusta. Es como si estar embarazara fuera un curso de pre ingreso a una universidad o algo similar. Obvio que nada me dirá cómo debo criar a mi hijo/a pero me doy cuenta de que es naturaleza pura, qué joder.

Si antes era de preocuparme por todo, ahora tengo una lista muuucho más larga. Y con complicaciones que me rompen...

Por ejemplo, el cochecito del bebé.

Que de tres ruedas es mejor, que no por la poca estabilidad

Los de cuatro ruedas se traban, los de cuatro son estables y duraderos.

La manija debe ser rebatible = que puedas ver al bebé mientras vas caminando por si decide "bajarse" del tren.

Si tiene "huevito", mejor. Es decir si tiene esa silla durisima que te sirve para acomodar al bebé en el auto. No tengo auto, por lo tanto, me importa un huevo el "huevo".

Que tenga ventanita, también.. para ver al bebé. Pobrecito.. toda una industria elaborada para MIRARLO..

Tengo que ver además si tiene para sentarlo y darle de comer, es decir una mesita similar a una de avión para que el pobrecito tenga tooodo ese espacio para pegarle al plato y ZAS ensuciar todo.

Un buen bolso abajo sirve para guardar las quichicientas cosas que te aconsejan llevar.

Y todas esas averiguaciones en una ciudad chica, donde tenés tres o cuatro negocios que venden cochecitos...

Mientras tanto, estoy mejor.

Se cumplió en mí eso que dicen que después de los primeros tres meses tenés un respiro. Y lo aprovecho. Me vuelvo una máquina de hacer cosas cuando veo que tengo energía, no porque sea re laboriosa, sino porque sé que luego estaré empollando tirada en la cama cuanto más pueda.

En general me doy cuenta de que la panza ha crecido y debo caminar más despacio, dormir con un almohadón porque se me viene la panza encima y me ahogo, tener agua siempre a mano, calcular cuando hago notas si tengo que estirarme para acercar el micrófono al entrevistado, desabrigarme para no caerme en plena entrevista, cuidarme de los frenéticos carritos de compras cuando voy al supermercado y tratar, sí tratar porque parece imposible, ponerme nerviosa.

En fin... Estoy bien pero como dije, debo tener más cosas en cuenta. Y las que nombré son solo unas pocas..

lista rápida: buscar una casa y ver cómo pagar un alquiler que nos saldrá el doble de lo que estamos pagando. Elegir cuna funcional o viajera y, claro, comprarla. Ir a los controles médicos, a la nutricionista y al odontólogo todos los meses. Uff. Hacer los trámites bancarios cosa de que no quede nada pendiente al momento de.. chan chan (prefiero no pensar en el parto, soy muy miedosa con los dolores). Llevar como se pueda mi relación con mi novio/pareja, maridovio, con los estados de ánimo exagerados: del súper enojo al súper amor; de la alegría a la tristeza, en segundos de propaganda televisiva.

Y por supuesto, hacerle caso a una sola persona.. mi mamá: dis fru tá el embarazo...





martes, 22 de julio de 2008

El silencio otorga: periodistas que sólo portan micrófonos no son periodistas


Ya dije que mi estado actual me hace encontrar rápidamente mis límites. Irritable, impaciente, hincha pelotas.
Pero hoy me saturé.
Y también me dolió ver lo que vi.
Como no me tocaba cubrirlo, estaba en otro sitio de mi trabajo cuando observé por televisión una actividad gubernamental en la misma ciudad donde resido.
Tras terminar el acto protocolar, los periodistas arribaron al gobernador de la provincia. Pero en realidad no había periodistas, sólo micrófonos, grabadores y reproductores de mp3. El que llevó la rueda de prensa fue el periodista del canal oficial. Creo que pude contar 15 periodistas, distinguibles por los celulares y, como dije, otros elementos que usamos a diario para grabar o transmitir la información. Dije 15, pero sólo hubo dos periodistas allí: los que preguntaron. El oficialista que cumplió con su tarea y el que a media voz se animó a hacerle una pregunta al mandatario.
El resto portó micrófono.
Me pareció una vergüenza. Sentí tristeza además por saber que, más allá de alguna posible mordaza empresarial, quienes estaban allí no preguntaban por comodidad o por no saber qué preguntar. ¿Acaso no tenían ninguna inquietud? ¿Ninguna duda? ¿Nada, absolutamente nada?.
Vivo en una provincia donde crece la inseguridad y ha movilizaciones, donde bajó la recaudación por el bajo consumo y disminución del monto que se percibía por las regalías petroleras, donde se busca enjuiciar al jefe de los fiscales, donde autorizan a explorar para explotar uranio en el futuro, donde los vuelos no llegan porque las empresas les importa un pito una provincia patagónica, donde falta más oferta académica, y desde donde quizás surja el nuevo presidente.
Pero no.
Nada, absolutamente nada.
Tampoco hay que pensar en que "ser combativo" es ser periodista. Ser periodista es tener inquietudes, buscar más información y preguntar. PRE GUN TAR.
Hoy, dos periodistas hicieron su trabajo.
El resto, comió gratis, como se está viendo seguido.
Y por favor, que no me vengan a decir que se los censura.. ¡no hay nada peor que la autocensura!
Y a quienes no son periodistas, un consejo: miren mejor... vean cuántas manitos hay cerca del entrevistado y cuántas voces oyen.
O será -ahora que lo pienso- que los portamicrófonos saben algo que yo no sé. Quizás si le preguntás a un funcionario podés recibir una de esas cadenas pesadísimas de correo.. o alguna puerta cerrada sobre tu cabeza..
Aunque no he visto muertos de prensa por acá. No aún. ¿Será eso?.

sábado, 19 de julio de 2008

Cambio libreta de periodista por agujas de tejer N°4

Realmente lo que estoy viviendo es descriptible con palabras pero difícil de comprender si no se vive en carne propia.
Antes, cuando mis amigas estaban embarazadas y me decían que sentían, trataba de entender pero estaba limitada. Incluso, debo admitirlo, me resistía a tanta charla donde abundaban las palabras "ginecólogo", "leche materna", "estrías", "vómitos y naúseas" y la aplaudida "Me patea".
No era mala actitud, sino que me parecía un mundo extraño donde no tenían ningún conocido...
Ahora lo entiendo.
Desde que supe que estaba embarazada todo gira dentro de mí y sobre mi panza. Si bien sólo hace tres meses que crece algo dentro mío, los cambios hormonales ya se notan, la panza también y sí, debo frenarme para no hablar todo el tiempo del embarazo y planes para cuando venga el bebé.
En el trabajo no hay muchos cambios. Sólo que evitan que cubra notas con riesgo: olvidarme de ir al centro de esquí, por ejemplo, no fue ninguna tortura.. imaginen que la telesilla es tan alta que me daba pánico, así que Gracias baby!.
El resto es normal. Por las mañanas además de mi bolsito periodístico (mp3, libreta, agenda telefónica, celular, varias lapiceras), ahora tengo mi adorado Reliveran porque cada vez que salgo de casa al trabajo tempranito llevo las nauseas a flor de piel. Puaj.
Tengo sueño sueño y sueño. No me aguanto las estupideces en el trabajo y con ellas me refiero a los chismes y puteríos. Antes las bancaba como la mejor RRPP pero ahora me superan y necesito un pensadero como el del maestro de Harry Potter para sacar las cosas que llenan la cabeza innecesariamente. Si dijera "no me vengas con esas cosas", la ola se da vuelta hacia mi lado, así que me limito a escuchar pacientemente (como pueda), cuidándome de no asentir ni agregar palabra y nada más.
Cuando hago entrevistas ahora además debo pensar en cómo quedaré con mi panza (tengo una que parece de cinco meses, es grande) en el momento de la nota. Fue muy divertida la experiencia de sentir una pelota en la boca de mi estómago el otro día mientras le hacía una nota a un funcionario. Ahí estaba yo, tratando de escucharlo para repreguntar si era necesario y no podía dejar de pensar qué pasaba que no podía respirar bien!.
Y eso en mi trabajo.
En mi vida social, poco y nada. Llego cansada y me tomo una siesta pre -cena, ceno, me ducho y me voy a dormir, previo tejer (síiii tejer, yo!!).
Esto también me sorprendió en mis ideas del blog que quería. al comenzar a escribir quería contarles cómo era ser periodista en el Sur pero esto me superó y creo que a partir de ahora será más complejo: cómo ser periodista embarazada en el Sur, jajaja.
O simplemente, contar cómo va mi vida...
Me voy a tejer y a llorar con alguna película...

sábado, 28 de junio de 2008

No me diga nada, soy perfecto.

"Todo aquel que se pone delante de un micrófono o una cámara debe tener un poco de egocentrismo", recuerdo que dijo un profesor de locución.
Cuan verdaderas me resultaron sus palabras cuando comencé a ejercer, primero en el centro del país y luego aquí en el Sur.
Cuando hice mi "pase" al Sur un amigo periodista español que suele viajar por el mundo por su trabajo, me dio un solo consejo: "Se humilde donde vayas". Recuerdo que me dije a mí misma -por qué me lo dice? ¡Si yo lo soy!-. Ahora que lo veo de lejos en el tiempo puedo concluir en que lo era, pero no lo suficiente.
Resulta que los periodistas o quienes estamos frente a una cámara, a un micrófono o simplemente sostenemos un grabador o un teléfono en una rueda de prensa, tendemos a creernos rápidamente que somos perfectos.
Este mal nos lleva a no ver nuestros errores. Y es la peor ceguera porque nos impide crecer y nos mantiene mediocres.
Lamentablemente, este mal es contagioso. Unas pocas semanas en un puesto más alto al habitual y ya nos creemos insuperables.
Esto me trajo problemas. Primero porque en su momento me pasó de caer en la tentación y "creérmela" y segundo porque me ha ocurrido de querer ayudar de corazón a alguien y lo han tomado mal.
"A mi nadie me ha dicho nada, sólo vos", me dijo un compañero de trabajo cuando le decía que había quejas de sus errores y le ayudé a utilizar un programa para aminorarlos. Le di mi tiempo y mis ganas para poder ayudarlo en algo básico e imperdonable como lo son en periodismo los errores ortográficos.
Luego me enteré de que esta misma persona había dicho: "ella se cree perfecta" y que en vez de tomar bien mi ayuda la había considerado una crítica innecesaria, porque nadie le había dicho nunca nada de su trabajo.
Eso me dolió muchísimo, porque realmente quise ayudar de corazón. Luego sí, llegó el reto hacia esa persona de parte de los directivos y fue mucho peor: lo persiguieron y lo presionaron de tal manera que era un nudo de nervios.
Yo también aprendí.
Prometí nunca más ayudar a nadie si no lo pide. No doy consejos laborales "de onda" porque el tiro sale por la culata.
Porque los periodistas somos demasiados perfectos para ser humildes. Para saber en qué somos fuertes y en qué débiles, cuándo debemos decir no sé y no temer hacerlo.
Más allá de lo que uno diga al "aire" por el solo hecho de decirlo, me preocupa el que escucha realmente lo que decimos. Nuestro receptor. Si el mensaje viene cargado de errores no ayudamos en nada a que forme una opinión propia. Y esto no sólo se ve en un medio de ciudad chica, son terribles los horrores que se observan en los grandes medios de comunicación.
Pero si todos somos perfectos y no aguantamos las críticas constructivas, hacia eso vamos.
A no crecer pero si caer en ignorancia. A no saber trabajar en equipo como sociedad para generar cambios positivos para todos.
Y a ser una comunidad de perfectos idiotas creídos.


Humildad: Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

martes, 24 de junio de 2008

Regreso

Debo pedir disculpas, lo sé.
Admito además que debí "macerar" algunas ideas, en realidad reacciones a mi mejor noticia. Algunas fueron buenas, otras las esperadas, otras insospechadas y alguna desagradable.
Ya contaré más.
Todo duerme hoy y yo despierta.. quizás sea el helado de chocolate con almendras que me comí.

viernes, 6 de junio de 2008

Mi Mejor Noticia: "5 Semanas"


No recibí un Martín Fierro ni menos un Pulitzer.
No me dieron un aumento de sueldo ni me subieron de puesto.
Tampoco me esperaron con aplausos a la salida de trabajo.
Pero fue mi mejor noticia.
Mi madre lloró. Mi novio tuvo un ataque de nervios (alegres) y de risa. -"te lo dije"- me repetía.
Mis hermanos no entendían nada -No me digas- decía una y otra vez uno de ellos.
Mi papá feliz pero me hizo prometer que no lo hagamos bostero. Futbolero mal mi viejo...
Mis amigas me dejaron sorda cuando se los dije por teléfono.
Mis compañeras también.
Dar la noticia de que espero un bebé y que ya tengo 5 semanas de embarazo tuvo todos los ingredientes: emocionó, interesó, halló eco, curiosidad,etc..
Para mí es como comenzar otra historia. Ver ese porotito en mi panza que sólo mide 13.4 mm. y saber que está vivo, que depende de mí. Uff. Me hizo olvidar de todas las tonteras que normalmente me preocupan. Lejos quedaron los pensamientos sobre el trabajo. Sólo recurren a mí preocupaciones sobre cómo seré como madre, qué podré brindarle (espero que todo) y que mi madre venga a ayudar.
Incluso le tapé la boca a mi novio. Siempre me bromeaba con que nunca dejaría de fumar y yo le decía que lo haría cuando esté embarazada. Tal cual. No fumo más. Increíble. Luego de 16 años de hacerlo.
Fue la mejor noticia, sin dudas. Y vienen más. Espero.

miércoles, 4 de junio de 2008

Las notas que me gustan 2: Cuando la gente "se mete"


En mi país es común escuchar "no te metás".

La frase corta pero profunda tiene su efecto. Y cuando no le prestamos atención ofrecemos un cambio.

Creo que mi vieja me inspiró a "meterme" y quizás plantó con ello una semilla de mis ganas de ser periodista.
Una tarde cualquiera mi madre estaba mirando desde el mostrador de su comercio hacia afuera. Allí había mercadería y era común que la gente parara a observarla.
Yo estaba al lado de ella cuando de salió rápidamente del negocio. Justo pasaba gente y no vi que vio mi mamá. Al pasar el hombre que me tapaba la vista vi a mi madre con su corto brazo en alto (mide 1.50 mts.) y su mano sosteniendo el brazo de una mujer joven. Debajo de ambas mujeres, un niño lloraba.
"No más", sonó la voz de mi madre.
La otra mujer se puso colorada de la bronca y luego pálida. Quizás por ser descubierta.
Tomó a su hijo y se fue.
Luego me enteré: esa mujer estaba mirando la mercadería y el niño, pequeño de unos tres años, empezó a llorar y querer irse, tironeándola de la ropa. La madre le dio una fuerte cachetada que lo dejó sentado llorando. Cuando mi vieja vio que el nene iba a recibir otra bofetada, salió.
Esa tarde quedó grabada en mi memoria y ocurrió hace más de 20 años. A medida que fui creciendo me encontré con varias situaciones en donde escuché el "no te metás".
Puedo hacer una lista
"No te metas" ...
- si ves a alguien llorando
- -"que ya viene la policía".
- "que ya viene la ambulancia".
- "de seguro su mamá está por ahí".
- "que alguien que se ocupe debe estar por venir".
- ante la burla de otros hacia otra persona. ¡No te ganes enemigos al pedo!, me dijeron sumada a ésta.
- cuando alguien roba en un súper.
- cuando no le dan un asiento a una anciana o una mujer embarazada o con varios chicos.
- cuando copian en el examen.
- cuando hay puteríos (sí, rumores). En este caso, es sano no meterse.
- cuando ves un animal lastimado en la calle. (odio esa).
En realidad se aplica a toda situación injusta que uno vea que sucede pero por cobardía o comodidad decida no meterse. Pero como siempre, la presión social existe y son varios los que actúan de acuerdo a ello.
Hasta hoy cuando escucho una alarma en el barrio llamo a la policía bajo la mirada de "que metida" me hace mi novio. No le presto atención. En esos momentos solo pienso "¿y si me pasara a mí? Pues me gustaría que alguien hiciera lo que yo estoy haciendo".
Creo que al fin y al cabo eso es ser civilizado.
Por eso me gusta cuando entrevisto a alguien que, viendo una injusticia quiere una solución.
No es para ayudar al hermano, ni para obtener un aumento de sueldo, ni para sacar las ropitas sucias al sol del otro político.
Es para ayudar a esa persona que no tiene techo, al que encontraron tirado ebrio en la calle con 10 grados bajo cero, a los perros envenenados, a los chicos de otros, a la biblioteca del barrio, al club deportivo...
Un caso fue una señora de unos 60 años que vivía sola en una casita hecha de bloques que constaba de una sola habitación. Las ventanas tenían nylon. El piso era de tierra. La cama estaba mojada por la misma humedad. Al igual que la pobre mujer, que no tenía baño para higienizarse ni hacer sus necesidades. Afuera la nieve, dentro una salamandra que, por falta de leña estaba siempre apagada. Todo eso lo vio una voluntaria que trabajaba en el barrio y no aguantó. La gota que rebalsó el vaso fue el enterarse que, la vecina que supuestamente la cuidaba, cobraba la pensión de la señora.
Ese tipo de notas me gustan porque se que será más útil. O más tangible la fuerza de mi pluma. Y así fue: Al Municipio le reventó la critica fotografiada y de repente llegaron con cosas.
A ellos les molestó mi nota, el meterse de esa voluntaria. A mí me molestó que ellos no se metan hasta que no los expone la prensa. Debería ser natural, ¿no?.

jueves, 29 de mayo de 2008

De Cosmopolitan a Weekend: cambios drásticos del estilo de vida


Antes de retornar al Sur mi vida era distinta. Mi estilo lo era.
Antes de salir incluso a comprar al kiosco de la esquina no salía si no me maquillaba. "Nunca sabés con quién te podés encontrar", me decía -y aún lo hace a la distancia- mi mamá.
Lo mismo en la oficina. Al terminar mi horario de trabajo me iba al baño a retocar el maquillaje, el peinado, cosa de estar perfecta, como si no hubiera pasado 8 horas entre boxes con luz artificial atendiendo llamados frente a una computadora.
Todos los días de traje. Tenía de invierno y de verano. Y varios. Las camisas eran los comodines de las combinaciones. Los saquitos de hilo ayudaban. Carteras y zapatos al tono. El jean era una mala palabra no aceptada en mi placard. A ése lo dejaba cuando me metía en la tierra del jardín o nos poníamos con mi hermano a arreglar algo de la casa. Lo incoherente quizás era que mientras vestía de esa forma mis amigos eran de ambientes totalmente diferentes. Incluso mis parejas. Estudiantes, que llegaban en remera, short y ojotas a buscarme al trabajo y músicos, esos admirados bohemios. Ahora que lo pienso, había dos personas en mí. La tipo secretaria ejecutiva de la que se liberaba a las 00 horas, como una princesa que logra bajar de la torre donde está cautiva. Guitarreadas, juegos de salón, peñas, recitales de rock, blues, jazz, y tomar Fernet entre charlas profundas -o al menos yo lo creía- eran el otro estilo que se rebelaba en mí.
Pero cuando llegué al Sur y no a una ciudad que se hubiera convertido en una sucursal de Buenos Aires, me sentí un bicho raro.
Mi primer día de trabajo fue un domingo. Y fui de traje bordó con camisita blanca, carterita negra. Peinadita. Maquillada. Con zapatitos. Ya de entrada se me quedaron mirando. También les costó responderme el beso de saludo que acostumbro dar. Hice, sin querer, lo que no se debe hacer en un trabajo en su primer día. Destacarse de más. Para colmo cuando estaba en la cocina de la empresa, tratando de hacerme un café -y a la vez dando tiempo- escucho que alguien le dice a mi jefa "a ver si vos te venís así algún día" y se ríen de lleno.
No hice caso. Trabajé igual, con ganas. No me achiqué cuando tuve que usar una computadora con un sistema operativo del año 83. No me reí cuando me preguntaron si sabía como prender la computadora. Tenía que quedarme tranquilita. Estaba en territorio desconocido y el ambiente no era agradable para ninguno por lo que se podía ver.
Recuerdo que en mis primeras notas también notaba que mis entrevistados estaban incómodos. Ahora con los años, lo entiendo. Parecía una notera de televisión de Buenos Aires, muy preparadita yo, con mi traje Chocolate, haciendo una nota a una familia que pedía ayuda para que sus hijos pudieran tener un techo de verdad y no el de chapa que brillaba con el sol.
Igualmente estuve varios meses así. Creo que fueron tres. Hasta que un día se pasaron. Me enviaron a realizar una entrevista a un área reservada natural. Y no me dejaron ir a cambiarme:"hay que ir ya". Fui vestida de shopping a un bosque. Más que la belleza natural de estos lares, lo que los dejaba boquiabiertos a los turistas era la imagen ridícula de mi persona, con esa vestimenta y unas sandalias negras de taquito. No me enojé. Hice las notas con mi mejor sonrisa y cumplí con el trabajo. Pero ese día llamé a mi familia y -como no tenía un peso- les pedí un par de borcegos.
Ahí empezó el cambio. Mi familia entendió que era un S.O.S y me enviaron una campera polar, mi mamá hizo caso de mi pedido y me envió el jean que sólo usaba durante los fines de semana.
Mi vida cambió cuando conocí los pulloveres de lana cruda y las medias del mismo material. Pero luego con los años -y mejoras de mis ingresos- me fui poniendo más técnica: medias de alta montaña, pantalones antidesgarro e impermeables, borcegos mejores, zapatillas de trekking profesional, camisetas térmicas, micropolar, campera técnica de montaña, pantalón de esquí. Y sí, Jeans. Incluso sí, tuve -está guardado por ahí- esos pantalones llenos de bolsillos color verde militar.
La ropa "linda" la dejaba para los fines de semana.Bah,. en realidad para las salidas, que eran pocas. Hasta el día de hoy me dicen "cómo cambiás cuando salís".
Mi mamá sufrió mucho con mi drástica adaptación geográfica. "Estás re poco femenina", me dijo una vez. Le estuve explicando que las botas hermosas que se ven en las revistas sólo combinan con la nieve en sesiones de fotos. Que bien podía cubrir una conferencia en un salón de un hotel y luego salir corriendo a un incendio en la montaña. Costó pero me entendió.
Ahora respira un poco, pobre mi vieja. Por mi trabajo actual debo maquillarme siempre. Mi cabello se volvió indomable pero hago lo que puedo. Y sí. Mi estilo actual es el que tranquilamente pueden ver en una revista de outdoors. Pero por las noches, a las 00 horas, soy otra.

martes, 27 de mayo de 2008

Las notas que me gustan 1: La importancia de donar los órganos


En mi trabajo, como lo señalé en mi primer post, se realizan todo tipo de notas. Pero de todas, yo tengo mis favoritas.

Me gustan aquellas en las que "conecto" con la gente y ésta me cuenta algo de ella. Donde mientras retiro el equipo (cables, micrófono, pen drive, anotador) me llevo un pensamiento, una reflexión.

El 30 de mayo es el Día Nacional de la Donación de Órganos en Argentina y en distintos puntos del país se están desarrollando actividades que buscan recordarle a la gente de la importancia de la donación de órganos y tejidos y cómo estos pueden salvar y cambiar una vida para siempre.

Como la abuela de una amiga, que decidió donarle el riñón a su hija "porque yo ya viví todo y a ella le falta mucho más". Bajo la mirada atenta de su nieta sobre sus comidas, esta señora que le regaló vida dos veces a su hija, es un ejemplo. Son varios los que dicen que muchas veces los donantes vivos (como en el caso de los riñones) son los que sufren un poco más que el receptor del órgano. Por eso me fui emocionada hasta la médula de esa casa tras finalizar la entrevista. Es que, poniéndonos una mano en el corazón, ¿Ustedes lo harían?. Lo que me preocupa es cuánta gente piensa que no.

Hoy conocí otra historia similar, casi idéntica porque fue de madre a hija, nada más que mucho más jóvenes. Dos años de diálisis, dolor y miedo terminaron gracias al trasplante. "Sí, tengo que tomar mis remedios pero tengo una vida normal", me dice contenta y orgullosa -como debe ser- de su madre.

Un hombre por su complicada situación renal sólo estuvo cuatro meses en la lista de espera del INCUCAI y, creánme, estar arriba en ese ranking no es nada bueno. Recibió el riñón y no dudó cuando le pidieron que colaborara para difundir la importancia de donar órganos y evacuar dudas, haciéndolo como protagonista. Allí lo encontré yo. Mientras hablaba con él me acordaba de otro hombre, al que entrevisté tras salir de diálisis. Estaba frágil, muy flaco, con la mirada desgastada de cansancio. Se mantuvo de pie como pudo porque quería contarme lo que le había sucedido: lo llamaron desde INCUCAI porque había un donante en Buenos Aires y el avión de Aerolíneas decidió no esperar y partió sin él.

O como los padres de un joven fallecido abruptamente mientras jugaba un partido de fútbol que, recibieron del INCUCAI una nota donde les informaban qué destino habían tenido los órganos de su hijo. Ellos la llevaron al medio en el que trabajo, porque querían dar a conocer esa información y cómo se trabajaba desde el INCUCAI.


Creo que desde hace casi tres años tomo estas noticias de otra manera. Mi hermana tenía 40 años cuando falleció por cáncer de tejido blando. Si me preguntan, no hubiera dudado un momento en darle de mi cuerpo lo que le hiciera falta para que siguiera con vida pero no se podía hacer nada.


Por eso me parece tan importante esta posibilidad que se nos da de decidir en vida qué se hará con nuestros órganos cuando ya no los necesitemos. Si hay dudas, hay especialistas para evacuarlas. Además le ahorramos a nuestros seres queridos, en el momento de dolor de nuestra partida, tomar ESA decisión.






domingo, 25 de mayo de 2008

Domingos de gloria: descansar y cocinar


Hoy no trabajo.

En el medio en el que estoy actualmente nos turnamos para trabajar en guardias periodísticas un fin de semana sí y otro no. De esa manera podemos disfrutar de dos días seguiditos, como es mi caso ahora.

Les parecerá una tontera pero una de las primeras frases que me dispararon al venir al Sur fue: "El periodismo no tiene horarios, señorita". Esa misma expresión recibía cuando me atrevía a pedir que me paguen las horas extras trabajadas, el presentismo e incluso los feriados.


Por eso realmente disfruto de estos días que tengo en este nuevo trabajo. Eso sí, cuando se está de guardia se trabaja más de lo que se hace en un día normal, ya que en muchos medios sólo hay un periodista para cubrir tooodo lo que pase.

En dos palabras: te matás.


En mis días de descanso como éstos, prefiero abstraerme totalmente -o al menos eso intento- de las noticias. Tendría que irme a acampar al Parque Nacional Los Alerces para eso, ya sé. Pero por lo menos trato.


Y para lograrlo me pongo a limpiar y a cocinar.


Si alguien lee esto y es del Sur, sabrá que en la Patagonia comemos y nos gusta comer bien. No andamos como locos por nuestra figura -o lo ocultamos bastante bien- y tampoco nos volvemos fanáticos de los edulcorantes.

Comer, comer y comer.

Las reuniones con amigos son cenas. Con compañeros de trabajo, son asados. Tomar mate sin algo dulce es una falta de respeto. Acá las tortas fritas son las compañeras del día y las facturas son más baratas que en una gran ciudad.

Así que comemos. Y cómo. El turismo gastronómico que realicé retorné al Sur me sumó varios kilos. Recuperé los perdidos por la depresión del desarraigo y sumé varios más. Bajé con un homeópata y volví a subir.

La excusa perfecta es que una ensalada de lechuguita no te ayuda en nada a bancarte el frío.


Entre mis colegas somos varias las que estamos así.


Intercambiamos miradas de culpa cuando agarramos la masita del lunck en alguna conferencia de prensa. Empezamos a ir a gimnasios y dejamos a los quince días.

Falta el tiempo, las ganas, la movilidad, terminamos reventadas del día laboral y encima nos exigimos más. Caminar es una utopía que le dejo a los de lugares cálidos.

¡Vengan acá a intentarlo con 10 grados bajo cero de temperatura y otros más de sensación térmica!.

Cordero y mucha carne, estofados, guisos, pastas, pizzas, panes caseros, tortas (dulces y saladas), son parte de nuestro menú invernal. Lo más suave es una sopa con fideos caracol.


Así que ya saben, para engordar bien hay que venirse al Sur.


¡Díganmelo a mí que mientras posteaba hice 6 pizzas y una torta de chocolate!



sábado, 24 de mayo de 2008

Sentimos 3 sismos en la Cordillera de los Andes

Me levanté de la computadora (oh milagro) y me dirigí al baño. Mi novio me miró extraño, pero no dijo nada cuando pasé a su lado dentro del departamento. Una vez dentro del baño no pude evitar dar un grito: todo se movía.

"¿Lo sentís, bicha?", me pregunta mi novio del otro lado de la puerta. "¡Se mueve todo!".

Y sí, en el baño se movía la bata, oscilaba desde donde pendía. Parecía que estaba dentro de un colectivo de línea urbana de Córdoba, pero no. Estaba en un baño de un minúsculo departamento planta alta en una ciudad cordillerana chubutense.

A los 5 minutos sonó el teléfono. Era mi cuñado que tímidamente dijo hola y dejó un silencio el que ocupé rápidamente para preguntarle si lo habían sentido.
En el messenger lo mismo. Todos preguntaban si el otro percibió el sismo.
Luego, cerveza de por medio, me fui a dormir. Ni me enteré de los otros dos sismos. Pero esta tarde cuando fui al centro a realizar unas compras, los sismos movían las bocas de las personas. El que lo había percibido, el que no. A qué hora exacta (incluyendo segundos). En la fila de la caja del supermercado una señora llevaba puesto su barbijo. El resto no. Espontáneamente subí el cuello de mi pullover cuando salí a la calle nuevamente.
Los tres sismos tuvieron su epicentro en cercanías del volcán Chaitén, el que desde el 2 de mayo entró en actividad y tiñó de gris la Patagonia.
En general esta situación que estamos viviendo nos ha tomado por sorpresa y nos preocupa. Se me estremece la mente y el corazón cuando veo lo que pasa en Chaitén u observo por televisión de Chile a los evacuados. "¿sabés que es lo peor? -me dijo alguien el otro día-: que no le podemos echar la culpa a nadie".
Y justamente, no le podemos echar la culpa a nadie. Es la naturaleza que nos recuerda a cimbronazos lo pequeños que somos ante su magnitud. Lo miedosos que somos ante lo desconocido. Lo que nos hace pelearnos entre nosotros y descreer todo lo que se dice. Tenemos miedo. Pero no nos movemos de acá. Muy en mis adentros se que pronto pasará y esto será un recuerdo. Pero los barbijos y las antiparras no los saco de mi bolso. Por ahora.

Un excelente blog: Ciega a Citas.com


A LG y su historia las encontré por casualidad una tarde de verano. Vagando por internet hallé este blog que narra diariamente la historia de una periodista treintañera que busca ganarle una apuesta a su madre: tener un novio para ir al casamiento de su hermana.

La madre no sabe que ella sabe de la apuesta. Si no lleva un novio, deberá pagar su hermana la mitad de la boda. Si aparece con un caballero del brazo, la madre se hace cargo de todo.

Por ello empezó a tener citas y cuenta el resultado de cada una de ellas con todo detalle.

LG escribe excelentemente. Da gusto cada día leer sus blogs y no es de extrañar que, cuando termine la historia salga un libro, lo que ya ha confirmado a sus fanáticos.

Existen quienes creen que todo es una mentira y que detrás del blog hay una editorial, un sitio de citas y hasta metieron al Dr. Cormillot debajo de la ropa de LG. Para mí es una historia cierta.

En mis horas de ocio mientras llueve, nieva o simplemente hace frío, me entretengo leyendo la historia de esta colega de Buenos Aires.

Espero que la conozcan y me digan que les parece.

viernes, 23 de mayo de 2008

Así comienzo...

Hacer periodismo en el Sur es totalmente distinto a lo que te enseñan en las universidades de las grandes urbes. Aquí el periodista debe ser multifuncional, saber de deportes y de política, de actividades sindicales y de arte. El clima no acompaña, el equipo tampoco y se debe abarcar mucho en poco tiempo a punto que te olvidás en diez días a quién le hiciste nota.
La paga, comparada con otras provincias es buena, pero igualmente con el alto costo de vida del Sur, deja mucho que desear. En los medios chicos la libertad de prensa no existe, se lleva todos los titulares la libertad de empresa. Firmar una nota en un diario es un logro no permitido. Mientras nuestros colegas de la Ciudad Autónoma se matan por la nota de Economía o los interiores de la casa Rosada, aquí vemos que la gente pide chapas para su techo o nylons para sus ventanas. Es otra miseria. Pero válida en mayúsculas. Necesitaba compartir un poco de esto. De las impresiones que me quedan de las notas que realizo a diario. Reconocer también el trabajo que, junto a mis colegas, realizamos con el peor clima y las pobres condiciones. Porque somos patagónicos y no sólo la cámara no se baja, tampoco el micrófono ni nuestras personas. De pie, en la Patagonia. El paraíso de Dios, olvidado por el resto.